Cuerpo y poder desde los albores de la modernidad. El lugar del poder con relación a la corporalidad humana en el sujeto, la sociedad y sus articulaciones

  1. Recio Sastre, Alejandro
Dirigida por:
  1. Fernando Longás Uranga Director
  2. Raúl Armando Villarroel Soto Codirector/a

Universidad de defensa: Universidad de Valladolid

Fecha de defensa: 25 de octubre de 2018

Tribunal:
  1. Francisco Javier Peña Echeverría Presidente
  2. Francisco José Martínez Martínez Secretario/a
  3. Jesús Marcial Conill Sancho Vocal
Departamento:
  1. Filosofía (Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia,Teoría e Historia de la Educación, Filosofía Moral, Estética y Teoría de las Artes)

Tipo: Tesis

Resumen

La cuestión del cuerpo humano constituye un tema relevante para la filosofía, en concreto, dentro del pensamiento político conviene destacar la controvertida relación que existe entre el cuerpo y el poder. La corporalidad entraña un poderío que no siempre ha sido admitido ni reconocido por la tradición de la filosofía moderna; aunque algunos autores de la modernidad sí tuvieron en cuenta la capacidad con que cuenta la potencia corporal para realizar la política y participar como actor principal en el espacio público, muchos otros autores trataron de negar, obliterar o disminuir el poder intrínseco a la corporalidad, a saber, ese poderío que reside en la inmanencia vital de los cuerpos. Tomando partido a favor de la visión del cuerpo como una inmanencia en cuyas fuerzas vitales se alberga una potencia política, se analizan, desde esta perspectiva, aquellas consideraciones que concibieron a los cuerpos despojados de su poder y aquellas otras que trataron de mantener la inextricable unidad cuerpo-poder. Toda forma de dominación sobre los seres humanos toma al cuerpo como su objeto por excelencia, de modo que las estrategias de dominación suponen que la naturaleza del poder es extrínseca a la corporalidad humana, que el poder es algo distinto al entorno de desarrollo de los cuerpos naturales. La dominación, justificada en términos teóricos, invoca un poder exterior al cuerpo natural de los sujetos, un requerimiento estratégico que, bien opera mediante figuras de poder incorporales con que dirigir a los cuerpos a través del control de la subjetividad, o bien opera actuando directamente sobre los sujetos a través de entes materiales cuya presión es ejercida inmediatamente sobre su dimensión corporal. Los planteamientos filosóficos que ofrecen una crítica de estas estrategias de dominación sobre el cuerpo plantean una resistencia cuyo tronco argumental tiende a restituir el poder originario de la corporalidad. El cuerpo habrá de recuperar el carácter político de sus fuerzas inherentes, es decir, habrá de restituirse el poder del que fue privado o apartado. Si las estrategias de dominación sobre los cuerpos buscan hacer de lo corporal un objeto expuesto a un poder externo a él, entonces, la resistencia a esta perspectiva teórica tendrá que buscar cómo el cuerpo puede recuperar su condición de sujeto de poder. Esta esquemática que subyace a las relaciones entre el cuerpo y el poder es desarrollada desde el siglo XVII, en correspondencia con la primera etapa de la modernidad, hasta la penúltima década del siglo XX. En los diferentes periodos recorridos (divididos en siglos por razones funcionales), se extraen unas imágenes conceptuales del cuerpo tras las que se localiza una determinada figura de poder, estas figuras dan muestra de las distintas posiciones que toma el poder con relación a la corporalidad, por lo que en ellas es posible escudriñar cabalmente tanto las estrategias de dominación sobre el cuerpo como sus pertinentes resistencias. Huelga añadir que la toma de partido a favor de un poder intrínseco a lo corporal no solo se reduce al estudio de las estrategias de resistencia frente a la dominación, pues las resistencias se ponen en funcionamiento una vez la imagen de la corporalidad ha sido desfigurada por el poder dominante, precisamente, para convertir la naturaleza corporal en algo pasivo, en un objeto expuesto a formas de control y administración ajenas a su inmanencia vital. Por ello, cabe resaltar las complejidades que suscita partir de un poder originario a la corporalidad, suponer que efectivamente todos los sujetos en cuanto cuerpos contienen, recogen y activan un poder, abre controversias importantes con las teorías gubernamentales propuestas por la filosofía. Las fases por las que atraviesa la indagación sobre las distintas imágenes de la dimensión corporal humana parten del cuerpo natural del individuo para, en una segunda fase, elevarse a la configuración social de los cuerpos, a la imagen de la población como una corporalidad formada a partir de la concurrencia de los cuerpos naturales. La tercera y última fase sería aquella en la que los individuos y las poblaciones articulan composiciones variables en las que individuos, grupos de individuos y multitudes se van organizando de acuerdo a unos cánones estratégicos de poder; precisamente en esta última fase concerniente a la articulación de los cuerpos toma especial relevancia la observación de la teoría gubernamental. Finalmente, es preciso recalcar que la facticidad del cuerpo como poder es un hecho que no siempre ha sido admitido por una buena parte de los filósofos modernos. Tanto la degradación del poder corporal con que estos pensadores desfiguraron la imagen conceptual de la corporalidad humana así como la vuelta a una reflexión acerca del cuerpo centrada en destacar su poder originario, son los vértices discursivos desde los que se aborda nuestra interpretación acerca de la relación entre el cuerpo y el poder.