Alvar aalto, el camino hacia paimio

  1. Bielsa Manzanero, Natalia
Dirigida por:
  1. José María Jové Sandoval Director

Universidad de defensa: Universidad de Valladolid

Fecha de defensa: 14 de noviembre de 2019

Tribunal:
  1. Julio Grijalba Bengoetxea Presidente
  2. Juan Blat Pizarro Secretario/a
  3. Carlos Labarta Aizpún Vocal
Departamento:
  1. Teoría de la Arquitectura y Proyectos Arquitectónicos

Tipo: Tesis

Resumen

Entre noviembre de 1928 y enero de 1929, Alvar Aalto proyectó el Sanatorio de Paimio para un Concurso Público en el que obtuvo el primer premio. Con esta obra consiguió la fama internacional y situó a Finlandia en la cabeza mundial de la arquitectura de vanguardia. Sus primeros dibujos ya eran prodigiosos. Mostraban que la edificación iba a estar en contacto con la naturaleza, que iba a conciliar lo grande con lo pequeño, lo racional con lo sutil, la tecnología con la tradición , la forma con la función, y todo ello en aras de procurar bienestar al enfermo de tuberculosis. Sin embargo, para llegar hasta aquí fue necesario recorrer un proceso que empieza en 1923, un apasionante camino de investigación recorrido por un joven arquitecto y no exento de dificultades. Intentó trabajar en Suecia con Asplund pero regresó a su empobrecido país y fue probando suerte por distintas poblaciones hasta abrir su estudio en Jyväskylä. Allí realizó su primer concurso de edificación, el Parlamento de Helsinki, y acabó con otros cuatro en verano de 1927: tres Iglesias y el Sanatorio de Kinkomaa, todos con un importante vínculo con el paisaje y con una composición preparatoria para su trayectoria encadenada. Otros trabajos de esta etapa fueron el Bloque Aira, el Club de Trabajadores, los Edificios de la Asociación del Cuerpo de la Defensa y otro concurso, el de la Cooperativa Agraria, el que le procuró su traslado definitivo a Turku, la ciudad por entonces más cosmopolita de Finlandia. En este ambiente urbano construyó además otros grandes edificios como los Apartamentos Estándar, donde generó su primera fachada libre, sin cargas estructurales, o el Edificio del periódico Turun Sanomat, un inmueble multifuncional, radical y moderno en el que apostó por la tecnología más innovadora. Para entonces, Aalto ya sabía claramente que la arquitectura, asentada en las bases del pasado, debía abrirse a la vanguardia. Su carrera estaba en un momento álgido pero con mucha polémica debido a la oposición del frente conservador de arquitectos de Helsinki que luchaba insaciablemente por la continuidad del clasicismo, pero Aalto siguió adelante y demostró su creencia con la entrega del Concurso del Sanatorio de Paimio, con el que además pudo volverse a poner en contacto con la topografía y la naturaleza, sus orígenes. Se entregó en cuerpo y alma a la arquitectura con una abrumadora capacidad de trabajo, una sensibilidad innata y un gran afán por estar “a la última”. Su trayectoria profesional se vinculó íntimamente con su vida personal. Su esposa, Aino Marso, le acompañó durante todo su recorrido hacia Paimio. Sus amistades locales, nacionales o internacionales giraron en torno a la arquitectura, también sus lecturas investigadoras, o sus viajes en busca de conocimientos. Obra y vida de Aalto se entrelazan formando un fecundo camino con cumbres y valles, sin el que no hubiera sido posible llegar hasta Paimio.