Arquitectura e iconografía en el Alto Imperio Romanoportadas monumentales y otros motivos de prestigio de la conjunción de los sistemas arquitrabado y arcuado

  1. Manuel Parada López de Corselas
Supervised by:
  1. Isabel Rodà de Llanza Director

Defence university: Universitat Rovira i Virgili

Fecha de defensa: 17 December 2015

Committee:
  1. Sandro de Maria Chair
  2. Ricardo Mar Medina Secretary
  3. Miguel Ángel Castillo Oreja Committee member

Type: Thesis

Abstract

En la investigación que realizamos en los últimos años tratamos de aportar una visión antológica y de conjunto de las combinaciones de los sistemas arquitrabado y arcuado, que abordamos específicamente a través de la “serliana”, sus variantes y los motivos a dicha estructura vinculados, desde la Antigüedad clásica hasta el Renacimiento italiano y español. Meta tan ambiciosa requiere un esfuerzo particular, debido a la magnitud e interdisciplinariedad del asunto tratado, a caballo entre la Arqueología y la Historia del Arte –fundamentalmente por sus implicaciones en la historia de la arquitectura y la iconografía–, así como a la diversidad y dispersión de la bibliografía al respecto. En la presente tesis consideramos necesario romper las barreras entre Arqueología e Historia del Arte, máxime en un estudio de estas características, que trata de analizar uno de los grandes temas de la tradición clásica, del cual presentamos la primera visión de conjunto llevada a cabo. Creemos que gran parte de la bibliografía encasillada en una u otra disciplina puede llegar a adolecer de un desconocimiento –e incluso desinterés– por aquello que queda teóricamente fuera de sus –también teóricas– competencias. Pese a todas nuestras limitaciones y a que nuestra formación se encuadra más en Historia del Arte, deseamos hacer este esfuerzo por comprender evidencias que contribuyen a explicar uno de los fenómenos más apasionantes de la arquitectura, esto es, la convergencia de dos grandes tradiciones o métodos constructivos: el sistema arquitrabado y el sistema arcuado; y tangencialmente, uno de los grandes retos de la arquitectura de todos los tiempos: la combinación de las plantas axial –o longitudinal– y central. En dicho contexto nos interesan los edificios y su decoración, pero también las representaciones arquitectónicas –o “iconografías”– en todos los medios posibles, otra de las novedades que planteamos para este asunto concreto. Valoramos todas las obras per se y como fuentes para el estudio de la “serliana”, sus contextos y funciones. No entendemos a quienes desprecian el estudio de las iconografías arquitectónicas simplemente porque éstas no son “fotográficas”; tampoco podemos entender a quienes consideran que la arquitectura es simplemente formas, técnicas, tipologías, pesos y medidas. Por supuesto, hemos de ser cautos frente a interpretaciones simbólicas y revisiones “literarias”, pues como Procopio de Cesarea en su Ἀπόκρυφη Ἱστορία o Historia Arcana, no quisiéramos que se nos considerase entre los autores trágicos ni los mitógrafos. Pero, sin duda, la arquitectura es algo más que espacio, volumen y función práctica, la arquitectura es cultura, en su más amplio sentido; motivos como la "serliana" participaron íntimamente de la iconosfera del poder y de estrategias de transmisión de la imagen sacra. Trataremos de explicar el papel que juega dicho sintagma en la monumentalidad y en la llamada “arquitectura del poder”, sin establecer una “teología” de la arquitectura, pero intentando comprender sus implicaciones en ámbitos representativos y funciones simbólicas. Esta tesis, por tanto, presenta un análisis de las combinaciones y motivos arquitectónicos propuestos –fundamentalmente, la "serliana"– de acuerdo con sus cronologías y ámbitos geográficos, evolución técnica y formal (filiaciones, precedentes y consecuentes), funciones y contextos. Todo ello con atención a las fuentes disponibles (arquitectura, iconografía, fuentes escritas) y cotejando el empleo de tales motivos en la arquitectura y la iconografía del Imperio Romano, así como –en el apéndice de la tesis– su reinterpretación medieval y renacentista. Dicho análisis ha permitido realizar una lectura iconológica de conjunto, novedosa para la temática propuesta. Hemos decidido dividir el estudio en cuatro capítulos que abordan los que a nuestro juicio son los periodos históricos fundamentales para entender la génesis, desarrollo y difusión de la “serliana” tanto en arquitectura como en iconografía. A ellos añadimos un apéndice como caso de estudio en torno a la koiné cultural del palacio de Carlos V en Granada, que indaga sobre la pervivencia de la “serliana” en la Edad Media y –principalmente– su reinterpretación en el Renacimiento. Primamos el discurso cronológico frente a la compartimentación geográfica, aunque no obstante se distinguirán en diversos epígrafes –especialmente aquellos que tratan la arquitectura– las áreas clave para la investigación. En cada capítulo establecemos una estructura tripartita que recoge arquitectura, iconografía y conclusiones resultado del cotejo de ambas, excepto en el capítulo tardoantiguo y en el apéndice, en los que hemos preferido un discurso mucho menos sistemático que nos servirá para conectar con futuros trabajos. Para clarificar las tendencias que nos interesan hemos optado por presentar listados de numismática en sendas tablas, vinculadas a los apartados iconográficos de los capítulos correspondientes. En suma, por cuanto sabemos hasta ahora, aunque desde inicios del periodo helenístico comienza a experimentarse con diversas combinaciones de los sistemas arquitrabado y arcuado, la “serliana” surge en el s. I a. C. en ámbito tardohelenístico y evoluciona gracias a la convergencia de las tradiciones de dicho contexto con un afán de innovación de la arquitectura romana y gracias a su capacidad técnica y proyectual. Si en un primer momento el empleo de la “serliana” se había limitado a estancias o a fachadas interiores, poco a poco, por un impulso occidental, se integra en el frontis del templo y en monumentos públicos, con especial desarrollo en Oriente. Es en dicho ámbito donde alcanza sus versiones más monumentales e innovadoras en los siglos II y III d. C. Paralelamente, comienza su protagonismo en grandes conjuntos urbanísticos, hasta culminar en la Antigüedad Tardía en soluciones grandiosas pero que ya no gozarán de continuidad. Pervivirá no obstante la “serliana” en iglesias con soluciones como la pergula y en iconografías de larga tradición vinculadas a la Iglesia y al Imperio. La “serliana” se escogió a lo largo de la historia posiblemente por su fuerte impacto visual y porque resulta una estructura cualificante y jerarquizante, monumental, muy versátil a nivel compositivo, elemental en formas pero compleja constructivamente y susceptible de ser empleada como marco para potenciar iconografías, especialmente aquellas en las que resulta útil un componente de monumentalidad, como las que persiguen la manifestación del poder. Este papel dentro de la “arquitectura del poder”, o simplemente, de la arquitectura de prestigio, lo hemos demostrado desde los primeros ejemplos construidos e iconográficos, ya sea para enfatizar la monumentalidad de espacios sagrados, públicos o privados, ambientes funerarios o domésticos, así como el refinamiento de sus promotores y su capacidad constructiva, la dignidad de la saga, el filohelenismo, la magnificencia de la ciudad, la gloria del Estado o la importancia o sacralidad del emperador. Asimismo, hemos demostrado la relación entre la “serliana”, la teofanía y las innovaciones en la arquitectura monumental, mediante las que Roma se separa del modelo de templo griego tradicional, dentro del mismo proceso que la lleva al triunfo de las religiones orientales y la teocratización del Estado. Hemos actualizado el estudio de obras tan relevantes como el disco de Teodosio, abordado aquí por primera vez en relación con las tradiciones de representación arquitectónica en numismática y toréutica. Finalmente, para el caso concreto de Hispania hemos demostrado el uso del "frontón arcuado" desde el s. I d. C. (mausoleo de Can Peixau en Baetulo) y de la "serliana" desde el s. II d. C. al menos (estela de Clunia Sulpicia).